Reflexiones al desnudo

Por Lully, cofundadora equinoXio… Bienvenidos todos a este reflejo de mi mundo real femenino

Archivo para junio, 2007

Inquietudes al desnudo

 
 
 
 
 
 
 
 
"En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente".
 
 
Khalil Gibran
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Me dediqué a caminar al enterarme de que tenía tres nódulos en la tiroides… con resultado en mano, pasé una amplia avenida, nada me detuvo. La mirada perdida y múltiples pensamientos invadían mi mente. A mi paso recibía piropos pero pensaba, admiran un cuerpo enfermo y no lo saben. Me desplacé por lo menos doce cuadras, aunque lo descubierto no se me exteriorizaba, el informe fue muy contundente, ahí estaban muy adentro de la tiroides y en tamaños representativos. Aún faltaba la biopsia pero ya estaba convencida, de que ésas bolas que había visto en cámaras eran malignas. No me equivoqué, 10 días después lo corroboraría. Pero me alentaba la idea de tratarse de un aviso del Todopoderoso para curarme a tiempo. Ahora, después de la extracción y de la favorable patología, tengo esa misma convicción.
 
“Doctor, entonces, ¿me sacará la bolita grande de la derecha y luego las dos de la izquierda?” No, Lully, extraeré toda la tiroides porque tu lo que tienes es CANCER. Me quedé asombrada de mí misma, de escuchar esa palabra tan fatal, y no perder el control. Diferente a cuando el médico me dijo: “Subirás de peso”, En ese momento quise explotar en llanto, pero al ver la naturalidad con la que me miraban el cirujano y mi adorable novio, me contuve. ¡Lo que es la vanidad femenina! “¿Dr. cuánto peso aumentaré? Inquirí, “Pueden ser 1 ó 2 kilos”. Eso me tranquilizó. “¿Las aberturas serán muy grandes? “No Lully sólo una y pequeña sobre la parte baja de tu cuello; en poco tiempo será imperceptible”. Dos kilos de más tampoco sería mucho, pensé, si los manejo sin abdomen. Inquieta con esto, después de 8 días de la cirugía, me estaba comprando una faja moldeadora de la figura con presión en el abdomen.
 
Ya han pasado 23 días desde la cirugía, ayer, comprobé que he aumentado casi un kilo, mis tetas se han hinchado y mis cacheteros lucen mejor en la parte baja, mi rostro está más rellenito, un compañero feliz me dijo ¡cachetona linda! Y hasta me inventó una canción. Me he mirado al espejo tanto que mi padre ya me recomendó que no lo hiciera porque eso era malo para la salud. (Me sonrío, me tratan como una niña consentida, hmm, bueno, mimada). Para la cicatriz estoy usando una pomada especial que recomiendan los cirujanos plásticos, la cual, observo, se difumina cada día más. Mi voz sigue siendo suave y sonora, tampoco cambió. Bueno, ustedes comprenderán, es la vanidad inherente a mi género.
 
Falta sólo el rastreo de metástasis con yodo, que me dará una incapacidad laboral de un mes, pero me dejará libre de esas posibles células malignas que pudiesen haber quedado perdidas. Ahora sé que con el yodo radiactivo podrán hincharse mi rostro y las amígdalas mientras pasa el tratamiento, aumentaré otro kilo por la falta de la glándula tiroides, seguiré desalentada… pero también sé que después volveré a mi estado natural. Obvio, estoy inquieta, ese cuento de estar en una clínica por tres días, que los visitantes sólo puedan estar a 2 metros de distancia, y que deba aislarme después en mi apartamento por otros 10 días más, porque se trata de yodo radiactivo, no es nada halagador. Sin derecho a tener relaciones sexuales, a hablar con mis sobrinitos, a cocinar… suena del otro mundo. Incluso le planteé a mi novio que dado el tiempo largo de la convalecencia tenía “permiso” para buscarse una mientras tanto. “Si me consigues una Lully, igualita a ti, me le apunto”, me dijo mientras me llenaba de dulces besos. Fue un momento muy tierno. Pero me conformo, pienso lo mejor y que todo saldrá en perfecta armonía.
 
¿Ustedes creen que mi novio se abstendrá de cualquier tentación?
La imagen fue bajada de aquí

PD: Los invito a leer la entrevista que le hice a un profe mexicano, verdaderamente adorable, en Al desnudo en mi balcón.

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Convalecencia al desnudo

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"La mejor medicina es un ánimo gozoso"

Salomón

 

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El sol de verano comienza su esplendor y aunque no puedo dejarme acariciar por él porque pigmentaría mi pequeña rayita, producto de la cirugía, siento que me acompaña con su luz en mi recuperación.

¿Renacer? No podría llamarlo así, nunca estuve falleciendo, esto que me ha sucedido es una pausa para coger impulso. Entro en reflexión y armonía. Es Inevitable, pero me reconforta. Es como si en estos momentos estuviese parada en una montaña y mirara hacia atrás, pero también vislumbro un universo delante que me espera. Respiro profundo, miro el paisaje que me rodea y el cielo claro y limpio, y me regocijo.

Una sensación de libertad me invade ahora. Estos días me han dejado un sabor de afectos de todos lados; estuve en una iglesia y miré cómo, una veladora ofrecida a mi nombre, iluminaba otra con su llama. La razón de ser de nuestra existencia es ésa, iluminar, ayudar a que otros logren avanzar, pero también, esa llama que llevamos dentro, es nuestra vida misma. Venimos a ser felices y es lo que debemos recordar. De ahí que rechace el pregón de algunas iglesias que nos instan a llevar una cruz a cuestas, rigiendo nuestra vida con esa ley del sufrimiento.

También la estadía en la clínica fue una experiencia grata para recordar. Como las tiernas caricias de mi novio que me sumergían por momentos en un erotismo de dulces sensaciones. "Ella no puede hacer esfuerzos", nos dijo el cirujano cuando entró a revisarme, mientras él, juicioso, me leía un libro. Yo me sonreí con picardía y después se lo recordé. Fueron momentos felices con un amanecer a mi lado, acompañado de miradas y roces suaves, como una fresa que compartimos uniendo la calidez de nuestros labios.

En 15 días aproximadamente será la evaluación del rastreo de metástasis e iniciaré un tratamiento preventivo antes de que todo vuelva a la normalidad. Recordaré por siempre la compañía de mis seres queridos, del hombre que amo, de mis amigos y compañeros, entre ellos Markota y Marsares, que me visitaron en la clínica y fueron mi lazo de unión con ustedes, mis recordados lectores. Dios les pague su cariño y solidaridad.

Hay momentos en la vida que no tienen precio. ¿Cuáles son los suyos?

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