Reflexiones al desnudo

Por Lully, cofundadora equinoXio… Bienvenidos todos a este reflejo de mi mundo real femenino

Archivo para febrero, 2010

¿El sexo es enfermizo o puede ser una enfermedad? (parte 1 de 2)

"Tengo que recuperar el equilibrio y estar centrado para que pueda guardar las cosas que son más importantes para mí, mi matrimonio y mis hijos. Eso también significa depender de otros para la ayuda"
(Tiger Woods)
Eran tardes de lluvia, de esas que incitan a los amantes a quedarse encerrados entre sábanas de piel y con el ambiente de aire acondicionado propio, el aire humano. Cuando departíamos entre insinuaciones, besos y caricias en un estadero campestre en las afueras de Medellín, acordé con mi ex novio, pedir en mi oficina la tarde del viernes siguiente con la excusa de argumentar diligencias personales. Mi jefe accedió pues era el primer permiso en 4 años de labores.
Me invadían sentimientos extraños,  el temor de saberme descubierta por la excusa mentirosa y un extraño sinsabor de sexofobia que inquietaba mis entrañas por lo que sabía, acontecería en contados minutos. Los algodoncitos de nubes se aproximaban a lo alto, pero el sol aún permanecía  como queriendo ser egoísta con mi amado. Incontables veces me he dejado acariciar por él (sol) en playas arenosas y el vaivén de las aguas del mar, me dije, ahora que no se interponga entre la naturaleza humana, concluí para mis adentros mientras cerraba con llaves mi escritorio.
Al salir, ahí estaba él, esperándome  en su Mazda último modelo, que pronto fue cómplice del ingreso a uno de los moteles más sofisticados y acogedores que hayan existido en las zonas aledañas a Medellín… fue una tarde inolvidable donde las flores, el vino, la mesa, la música y,  por supuesto todo él,  estaban servidos para mí seduciéndome al placer…
Le permití que se sumergiera una y otra vez entre mis piernas…la metamorfosis de su virilidad  estaba en el grado más alto; entre jadeos mis ojos se entreabrieron hacia los amplios espejos del techo y le susurré:   “¡amor, mira! se quedó adentro, no quiere salir”. Así era, estaba totalmente seducido por mi sexo y quería quedarse muy adentro… el sol se había ido y las gotitas de lluvia se escuchaban con especial encanto sensorial…   (Continuará)
Ustedes amables lectores qué opinan,  ¿puede ser el sexo enfermizo? Espero sus respuestas, la mía se las daré a conocer en el próximo artículo.
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Café colombiano, una pausa para saberlo degustar

 
 
“Hacer una pausa para saber degustar un buen café colombiano,  contribuye a invadir de placer todas fibras sensibles de nuestro cuerpo, de nuestra mente y de nuestro espíritu”
(Lully)

  

Me senté al frente de mi computador mientras, a sorbitos,  me tomaba un delicioso café liofilizado y descafeinado. Un buen café colombiano nos puede llevar a encontrarnos con nosotros mismos, mientras lo saboreamos. Es la magia del sabor y del aroma, pero también, el buen pretexto para hacer una pausa, para abandonarnos entre senderos de entronización, en el dulce proceso de degustar con auténtica complicidad el poder que ejercen nuestras papilas gustativas,  para invadir de placer todas las fibras sensibles de nuestro cuerpo, de nuestra mente y de nuestro espíritu. Si no han hecho el ejercicio, tómense su tiempo, justifica experimentarlo.
Hace unos meses, me antojé de pedir en Cuba un “tinto” (apelativo muy colombiano para llamar al café negro), pero obvio, creían que me refería a un vino tinto. Después de aclarada la confusión pedí café. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula cuando en vez de un pocillo normal me entregaron una miniatura de café, en una tacita que parecía hacer parte de una vajilla de muñecas, similar a la que me entretenía en mis juegos de infancia. Escasos tres sorbos y listo, ese era el café cubano. En mi tierra somos más generosos, solemos servirlo en pocillos medianos o grandes o, tazas cuyo líquido llega casi al tope. Sin embargo, a pesar de que los cubanos me enseñaron que más que la cantidad, es la calidad la que nos lleva a probar este maravilloso invento de la naturaleza para goce y disfrute de nosotros,  los humanos, considero que justifica consumirlo en pocillos generosos.
 Debo reconocer que el té es una delicia, el mate también, así como el café de otros países grandes productores como Brasil, y tienen sus efectos positivos al ser tomardos por supuesto con moderación; pero me quedo con el mágico placer de degustar mi suave café colombiano.
 Ustedes, amables lectores,   ¿han saboreado un buen café colombiano? O ¿qué bebida caliente acostumbran tomar?
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